La competencia entre las empresas farmacéuticas para desarrollar vacunas seguras y eficaces contra el SRAS-CoV-2 es alta. Sin embargo, sobre la base de la experiencia previa con la vacuna contra la gripe, se encontraría hasta un 50% de falta de eficacia entre los adultos sanos que reciben vacunas eficaces contra el SRAS-CoV-2.
Cada vez hay más pruebas de que la insuficiencia de sueño puede ser un factor omnipresente y destacado que explique esta variabilidad. Los individuos que experimentan una pérdida total o parcial de sueño presentan anticuerpos antígeno-específicos notablemente reducidos en comparación con los que duermen sanos. Además, la calidad del sueño antes de la vacunación también es un factor importante. Varios metaanálisis e informes de consenso de expertos apoyan la opinión de que las propiedades cronobióticas/hipnóticas de la melatonina son útiles en pacientes con trastornos primarios del sueño para disminuir la latencia del inicio del sueño y aumentar el tiempo total de sueño. Por lo tanto, la prescripción de melatonina durante al menos 2 semanas antes de la vacunación puede ser un enfoque útil para mejorar la calidad del sueño y garantizar que la vacunación se realice en un momento de condiciones de sueño óptimas. Además, la melatonina mejora la respuesta inmunitaria a las vacunas al aumentar los linfocitos T CD4+ de la sangre periférica y los linfocitos B que expresan IgG.
La administración de melatonina exógena podría aumentar la potencia de la respuesta inmunitaria y la duración de la inmunidad inducida por la vacuna. Además, la melatonina también podría prevenir los efectos adversos de la vacunación debido a sus propiedades antioxidantes e inmunomoduladoras. Por lo tanto, la administración de melatonina desde 2 semanas hasta al menos 4 semanas después de la vacunación puede constituir un medio eficaz para aumentar la eficacia de la vacunación contra el SRAS-CoV-2.