La resistencia a la insulina es un factor determinante en el desarrollo de la diabetes mellitus de tipo 2 y una de las principales causas de morbilidad y mortalidad.
El sistema de cronometraje circadiano consta de un reloj cerebral central en el núcleo hipotalámico supraquiasmático y varios relojes tisulares periféricos. El sistema circadiano es responsable de la coordinación de muchos procesos diarios, incluido el ritmo diario del metabolismo humano de la glucosa. El reloj central regula la ingesta de alimentos, el gasto energético y la sensibilidad a la insulina de todo el organismo, y estas acciones se ajustan aún más mediante relojes periféricos locales. Por ejemplo, el reloj periférico del intestino regula la absorción de glucosa, los relojes periféricos del músculo, el tejido adiposo y el hígado regulan la sensibilidad local a la insulina, y el reloj periférico del páncreas regula la secreción de insulina. El desajuste entre los distintos componentes del sistema de sincronización circadiano y los ritmos diarios de sueño-vigilia o de ingesta de alimentos como consecuencia de factores genéticos, ambientales o conductuales podría contribuir de forma importante al desarrollo de la resistencia a la insulina. En concreto, las mutaciones de los genes del reloj, la exposición a ciclos artificiales de luz y oscuridad, las alteraciones del sueño, el trabajo por turnos y el jet lag social son factores que podrían contribuir a la alteración circadiana.
En este artículo revisamos los vínculos fisiológicos entre los relojes circadianos, el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina, y presentamos las pruebas actuales de la relación entre la alteración circadiana y la resistencia a la insulina. Concluimos proponiendo varias estrategias encaminadas a utilizar los conocimientos cronobiológicos para mejorar la salud metabólica humana.